Elisabeth Eidenbenz

         

 

Unas palabras sobre el libro de Assumpta Montella

 

El día que conocí personalmente a Assumpta llevábamos meses manteniendo correspondencia por carta y, por lo tanto, ya no partíamos de cero. Me resultaba extraño que alguien quisiera fijarse especialmente en mi trabajo de aquellos años, como si fuera algo excepcional, cuando en realidad solo habíamos hecho, mi equipo y yo, lo que correspondía en aquel momento. En todo caso, el carácter excepcional del hecho venía dado por el momento que nos había tocado vivir: una guerra en España y después una segunda parte aún más cruenta en el resto de Europa.

Las primeras preguntas que me hizo me sorprendieron porque hasta aquel momento no me las había planteado nunca nadie, ni siquiera yo misma había reflexionado sobre ello.

Me pidió si había sido feliz de niña, quién era y cómo era mi familia. Seguro que buscaba entre mis raíces alguna causa o motivo que justificara mis años de dedicación a la Asociación de Ayuda a los Niños en Guerra. La segunda pregunta era qué les había dicho a mis padres para que entendieran que yo, con solo veinticinco años, podía irme sola a un país en guerra como era la España del año 1937.

Pensé que el tiempo había pasado muy deprisa y que mis años de juventud quedaban demasiado lejos para que Assumpta entendiera que yo también había tenido ilusiones, ideales… A principios de septiembre del año 1936, formaba parte de los movimientos sociales suizos que observaban con inquietud la destrucción de la población civil española, víctima de los bombardeos franquistas. Eran los primeros relámpagos que auguraban la tempestad fascista que se extendería por toda Europa tres años más tarde.

Desde Inglaterra, una comisión paritaria del Parlamento confirmaba la terrible situación de las mujeres y los niños en un Madrid bombardeado. Carecían de alimentos, asistencia médica, transportes de enfermos… ¿Qué se podía hacer? ¿Cómo se debía proceder sin inmiscuirse en los intereses partidistas del conflicto? Rodolfo Olgiati, entonces secretario del Servicio Civil Internacional de la delegación suiza, y posteriormente secretario general de la Cruz Roja Suiza en su filial de ayuda a los niños en guerra, viajó en enero de 1937 a la España republicana y se reunió con representantes del gobierno republicano, cuáqueros ingleses y varias organizaciones de ayuda internacional. Los delegados de Franco habían rechazado toda ayuda extranjera a la zona ocupada. Por lo tanto, Rodolfo Olgiati dio prioridad a la ayuda en la evacuación de la población civil de la zona de Madrid, Valencia y Cataluña. Mientras tanto, en Suiza, muchas asociaciones se habían reunido para preparar una acción conjunta de ayuda a España: la Obra Suiza de Ayuda Obrera, la Central Sanitaria Suiza, el colectivo de médicos y enfermeras, la asociación Cáritas, el colectivo de profesores y profesoras, y otras asociaciones con finalidades sociales que juntas formarían más tarde la Ayuda Suiza a los Niños de España.

Organizamos una recogida masiva de alimentos, ropa, zapatos y dinero para comprar artículos de uso diario, como jabón, libros y material para escribir. Con todo el material llenamos cuatro camiones que, junto con voluntarios como yo misma, llegó a España el 24 de abril de 1937. Pero aún nos quedaban por vivir dos años más de guerra y destrucción.

Desgraciadamente para todos los que trabajábamos a favor de la paz y de la libertad, tuvimos que retroceder en medio del éxodo republicano, y la Maternidad de Elna fue la última parada de un final de trayecto para muchos. Con todo, tengo la satisfacción personal de que aquel sitio fue una isla de paz en medio del infierno. Era como una burbuja de oxígeno necesaria para recuperarse y continuar viviendo, en otro país quizá, o en otro orden, si se volvía a casa, pero para continuar adelante en todos los casos.

Con Assumpta hemos repasado todos aquellos años, sobre todo los de la Maternidad. Le he contado que entonces hacíamos nuestro trabajo, día a día, sin pensar más allá de las necesidades materiales y humanitarias más inmediatas. Pero con la perspectiva que me da el tiempo transcurrido, pienso en los 597 niños que nacieron en la Maternidad, que sobrevivieron, que han crecido y se han hecho personas, y que han creado sus propias familias. Y es ahora, después de sesenta y cinco años, cuando veo la importancia de esa labor.

El libro de Assumpta servirá para que todo el trabajo realizado en la Maternidad de Elna se pueda consultar, investigar, estudiar… En definitiva, para conocer una etapa histórica y social de la gente de su país. En mi caso, revivir aquellos años ha servido para darme cuenta de que la Maternidad fue el trabajo más importante de mi vida. Y el hecho de que sea el motivo de este libro es para mí todo un honor y un privilegio que agradezco de todo corazón.

Muchas gracias.

Elisabeth Eidenbenz (junio de 2005)


 
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